domingo, 5 de septiembre de 2010

La Taciturnidad.

Sobre el silencio interior (RB 6).

Para quienes optamos por la experiencia monástica, enmarcada en la espiritualidad benedictina, encontramos en la RB una frase por demás significativa: “Guarden un silencio lleno de gravedad” (capítulo VI, hacia el final del verso 3).

Para las monjas y los monjes, el silencio no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para desarrollar el triple diálogo al que toda persona está convocada:

- diálogo entre Dios y el monje o la monja;
- diálogo del monje o la monja consigo mismo – consigo misma;
- dialogo del monje o la monja con el entorno (hombres y mujeres, cultura, creación).

El diálogo exige escucha y respuesta. Por eso tiene que desarrollarse en un marco que lo facilite. El silencio es ese marco. Pero no un silencio cualquiera sino “lleno de gravedad”. Porque en ese silencio se revelan y se encuentran el Misterio Divino y el Misterio Humano.

Este encuentro de ambos misterios exige todo el respeto, toda la gravedad, toda la atención, toda la humildad, toda la disposición, toda la admiración, toda la aceptación de quien es interlocutor.

Para realizar ese encuentro, las monjas y los monjes, nos descalzamos, nos despojamos de todo lo que pueda ser obstáculo, nos postramos, nos maravillamos, nos gozamos frente a la conmovedora realidad del encuentro y del diálogo con la Divinidad, consigo mismo – misma, con la Humanidad.

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