domingo, 29 de marzo de 2009

Itinerario Monástico - La oración:

Una característica de los monjes y las monjas es cultivar la vida espiritual. Para quienes somos de tradición cristina esto se traduce fundamentalmente en una vida de oración.

En cada contexto y según cada tradición, los monjes y las monjas cultivaremos la creatividad en la práctica de la oración. Esa riqueza y diversidad de expresiones se desarrolla en el seno de la Iglesia de Jesús. Lo que sigue es simplemente ilustrativo y cada expresión monástica tendrá que ir buscando su expresión orante y litúrgica que más se ajuste a su realidad y modalidad.

“Oren en todo momento” (1Tes. 5,17). Escribía un monje que “a orar se aprende orando” (Pedro Alurralde osb). Para Benito la oración y especialmente la oración litúrgica es fundamental. Los capítulos relacionados a la oración monástica ocupan 14 de los 73 capítulos de la RB (8-20. 47. 52).

La oración es el momento de plena comunión e intimidad en la vida del monje y de la monja con quien es el centro de nuestras existencias (RB. 19,7). No porque le dediquemos mucho tiempo o realicemos largas oraciones estaremos orando sino por nuestra disponibilidad y actitud (RB. 20, 3-4).

La oración es la visita gratuita de la Divinidad (Ap. 3,20), el encuentro íntimo en amistad (Ex. 33,11), donde con admiración reconocemos plenamente nuestra humanidad frente a quien es totalmente Otro e Indecible (Sal. 8,5), donde experimentamos la acogida materna (Sal. 130,2), la certeza de su presencia (Sal. 73,28), el amor misericordioso (Sal. 102; 136), la seguridad plena (Sal. 17).

La práctica de la oración necesariamente nos cambia. No podemos orar y seguir siendo las mismas personas. La experiencia de la oración es transformadora. Ella nos transfigura (Ex. 33,29 cf. 2Co.3,18).

Nuestra oración se alimenta en la vida cotidiana de la oración litúrgica, de la eucaristía, de la lectio divina, de la vida fraterna, de la solidaridad, de nuestra realización personal en el trabajo.

"Preguntaron unos monjes al abad Macario -¿cómo debemos orar?-. El les dijo: -no es preciso hablar mucho en la oración, sino levantar con frecuencia las manos y decir "Señor ten piedad de mí, como tú quieres y como tú sabes". Si tu alma se ve atribulada, di "Ayúdame". Y como Dios sabe lo que nos conviene se compadecerá de nosotros-" (Apotegamas de los Padres).