domingo, 5 de octubre de 2008

Itinerario Monástico - Carácter inclusivo, ecuménico e interreligioso:

La vida monástica convoca a hombres y mujeres sin distinción entre las personas. Es una experiencia de vida que surge en las distintas denominaciones cristianas y en las distintas religiones a través de la historia humana (Ef. 2,11-18).

En la tradición monástica cristiana surgieron diferentes modalidades: algunas personas viven en soledad (RB. 1,3-5) y es lo que denominamos experiencia eremítica. Otras lo hacen en compañía de quienes comparten su ideal (RB. 1,1. 6-12). E incluso surgen otras modalidades de acuerdo a los tiempos. Benito fue un hombre de su época y en ella la vida cenobítica era considerada como la única forma posible de vida monástica o etapa necesaria en la formación para ella (RB. 1,3-5.13). Su crítica hacia las otras formas de vida monástica (RB. 1,6-12) hoy día podría aplicarse a quienes él defendió en su tiempo. Basta con realizar una mirada crítica a lujosas estructuras edilicias, liturgias que se centran en tradiciones epocales y en el ritualismo, vestimentas que nada tienen que ver con la época y el lugar (cf. RB. 55).

La esencia de la vida monástica, común a todas las manifestaciones y tradiciones cristianas, es la fidelidad radical al bautismo. Una fidelidad que se concreta en la soledad no como aislamiento sino como preparación a la comunión (Mt. 4,1-11; cf. Dt. 8,2; 1Re. 19,9-18) con la Humanidad y con la Divinidad (1 Jn. 1,3): “Monje es aquel que se considera uno con todos, por el hecho de verse él mismo en cada uno” (Evagrio Póntico – Tratado de la Oración).

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