domingo, 21 de septiembre de 2008

Itinerario Monástico - Una propuesta de vida para el siglo XXI.

Itinerario Monástico es una propuesta de actualización del ideal monástico para mujeres y hombres del siglo XXI.

Esta propuesta es teocéntrica y evangélica (RB. Prólogo 3, 21, 50; cf. Ef. 2,20-21). Se nutre de la tradición monástica de los Padres y Madres del desierto y de la Regla de San Benito. Es una guía para el camino emprendido (RB. Prólogo 2, 20-21, 48; RB 5,11; cf. Fil. 3,13-14) que va fijando las prioridades en la vida del monje y de la monja (RB. Prólogo 6; cf. Col. 3,13; 1Jn. 3,2). Ofrece un estilo de vida entre muchas opciones que podremos encontrar y una forma de experimentar ese estilo (Jn. 1,38-39). Lanza un desafío para ser experimentado en la práctica monástica cotidiana como encuentro con uno mismo – una misma (RB. 4; 5; 6; 7; 68 cf. Jn. 16,32), en la oración como encuentro con la Divinidad (RB. 8-20; 47; 50; 52; 62 cf. Ap. 3,20; Ex. 33,11; 2Cor. 3,18) y en la solidaridad como encuentro con la Humanidad (Mt. 25,31-40).

La vida monástica es un fenómeno que atraviesa toda la historia y todas las religiones, por lo tanto, es parte de nuestro testimonio profético hacia la Humanidad del siglo XXI presentarla actualizada.

La vida monástica no es otra cosa que la misma vida cristiana vivida con radicalidad evangélica (Mc. 8,34-38; 10,17-22). Todo el prólogo de la RB es una exhortación dirigida a catecúmenos. Ella es un llamado, entre otros muchos, a participar de la Buena Noticia que trae Jesús de Nazaret (Mc. 1,15). Un mensaje de la Divinidad para toda la Humanidad (Is. 26,19; 29,18; 35,5-6; 42,7.16; 61,1 cf Mt. 9,12; 21,28-32; 22,1-10; 20,1-15; Lc. 15; 7,41-43; 18,9-14; 19,1-10).

La vida monástica se caracteriza por la experiencia de búsqueda y escucha (RB. Prólogo: 1; 9; 15; 24; 33; 39 cf. 1Re. 19,8-13; Lc. 10,38-42), discernimiento y obediencia a ese mensaje (RB. Prólogo: 16; 35; 40; 50 cf. Gn. 12,4; Ex. 4,18; 1Sam. 3,10). Nuestro entorno está inmerso en muchos ruidos. Escuchar la invitación divina (RB. Prólogo: 19), discernir su voz entre tantas otras voces y responder desde la experiencia humana cotidiana es lo que caracteriza la misión de quienes asumimos la vida monástica.

En el discernimiento descubrimos un mensaje. El es experimentado en la soledad para ser compartido (Lc.4,1-15; 1Jn. 1,3), en el silencio para ser proclamado (Sab. 18,14-15) y en la oración para hacerse compromiso y solidaridad (1Re. 19,9-18; Mc. 6,32-34). Por eso, la vida monástica está inserta en la historia de la Iglesia de Cristo, en cuanto Comunidad Enviada (Mt. 5,14-16) y en la historia de la Humanidad en cuanto Comunidad Destinataria (Ap. 19,7; 22,17).

Los monjes y las monjas buscamos la presencia Divina porque es el destino al que la Humanidad está convocada (RB. Prólogo: 17 cf. Ef.1,4; 4,1). Nos encaminamos con fe tras la Promesa en ese encuentro (RB. Prólogo: 21 cf. Heb. 11; 2Pe. 3,13) mientras intentamos identificar la huella Divina (Gn. 1,26-27) en el encuentro cotidiano con quienes son su sacramento (Mt. 25,31-40; 1Jn. 4,20). Extracto tomado de la Vida de San Benito narrada por San Gregorio Magno: “Después de haber tenido agradables coloquios espirituales, el sacerdote le dijo: -Vamos a comer que hoy es Pascua-. A lo que respondió el hombre de Dios: -Sí, para mí hoy es Pascua, porque he merecido verte-“ (Cap. I). En esos encuentros nos despojamos de todo los que nos impide ese contacto (RB: Prólogo: 3; 8; 25-28; 36-38; 42-44 cf. Ex. 3,5). Reconocemos que estamos frente a un misterio y adoramos la Presencia Misteriosa (1Re. 19,13). Y entramos en diálogo con ella (Ex. 3,4-4,17; 1Re. 19,14-18; 1Sam. 3,1-14). Esa búsqueda, encuentro y diálogo se hace solidaridad en el compartir cotidiano (RB. 53; 56 cf. Gn. 18,1-8).

No hay comentarios: